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Efectos
antagónicos o sinérgicos
Se ha
señalado, en los párrafos anteriores, que ciertos elementos ejercían un efecto
antagónico sobre otros elementos, impidiendo su penetraci6n en las raíces y su
consiguiente asimilación por la planta: quizás el caso más conocido es la acción
desfavorable del potasio en la asimilación del magnesio. Abonados abundantes en potasa
determinan, en efecto, la aparición de síntomas de deficiencia en magnesio. El caso es
relativamente frecuente en los árboles frutales.
Excesos
relativos de nitrógeno son favorables a la absorción del magnesio, pero en cambio
impiden la penetraci6n del boro y del potasio. La presencia de grandes cantidades de
potasa en el suelo puede igualmente provocar una carencia de boro; en cambio, favorece la
asimilación del hierro y del manganeso.
Los fosfatos
pueden ser la base de numerosas deficiencias. Su presencia en cantidades excesivas en el
suelo determina una fijación, bajo una forma inasimilable, del hierro, cobre y cinc. Su
exceso también impide la penetración del potasio. Por el contrario, ejercen un efecto
favorable en la reducción de la carencia de magnesio. Por su parte, aportaciones
importantes de magnesio tienen un efecto favorable en la absorción del fósforo, pero en
cambio se oponen a la penetración del potasio.
El caso del
calcio es completamente especial, puesto que este elemento actúa también sobre la
reacción del suelo. En terrenos calizos las deficiencias en oligoelementos (boro, cobre,
hierro, manganeso y cinc) son frecuentes. Encalados intempestivos, que elevan bruscamente
el pH, provocan a menudo insolubilizaciones de estos elementos, que resultan así
inasimilables por las raíces y determinan entonces la aparición de síntomas de
deficiencias.
El molibdeno
es una excepción; este oligoelemento resulta insolubilizado en medio ácido y, por el
contrario, libre mediante un encalado apropiado.
Por lo
demás, el calcio en exceso ejerce una acción desfavorable en la asimilación del potasio
y del magnesio.