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Carencia
de hierro
Síntomas
La
deficiencia de hierro (Fe) aparece más a menudo en terrenos alcalinos, ricos en calcio.
Provoca clorosis debida a una desaparición de la clorofila, pues el hierro es un elemento
indispensable en la formación de este pigmento.
Causas
Generalmente
el hierro está presente en todos los suelos en cantidades satisfactorias, y si se
producen deficiencias es que este elemento se encuentra en forma inaccesible a las
raíces. En efecto, a veces el hierro está presente en una forma asimilable en terrenos
ligeramente ácidos, en suelos neutros o alcalinos, pero es insolubilizado de tal manera
que las plantas se muestran incapaces de absorberlo en la cantidad suficiente. Las
aportaciones importantes de fosfatos pueden igualmente provocar una insolubilización del
hierro, en forma de fosfato de hierro, incluso en terreno ácido.
El encalado
excesivo produce a su vez una insolubilización notable del hierro y, como consecuencia,
la aparición de clorosis importantes. Este riesgo es mayor en los suelos arenosos, que
necesitan menos cal, que en los suelos arcillosos o turbosos. En los suelos alcalinos, la
solubilización del calcio es más o menos fuerte según la naturaleza de la roca madre.
Cuando se trata de calizas tiernas, la solubilización es fuerte, la proporción de caliza
activa es elevada y las causas de clorosis se encuentran reforzadas. Se trata, pues, de
una clorosis provocada, denominada también "clorosis caliza".
La
deficiencia de potasio agrava generalmente la clorosis férrica. Aunque constituye una de
las principales causas de la aparición de síntomas de clorosis en el follaje de las
plantas, la carencia de hierro no es, sin embargo, la única deficiencia que provoca tales
manifestaciones. También otras causas pueden determinar signos análogos (humedad del
terreno, etc.).
Medios
de lucha
Teniendo en
cuenta que la clorosis férrica casi siempre es consecuencia de las condiciones
desfavorables del medio, particularmente el pH y la caliza, la aportación de sales
de hierro al suelo no tiene a veces efectos prácticos, puesto que estas sales se
insolubilizan rápidamente, como ocurre en el caso del hierro presente en el suelo en
forma natural.
En los
árboles frutales y en la vid, las pulverizaciones repetidas de sulfato o citrato de
hierro al 0,3 %, desde el final de la floración, y con diez días de intervalo,
proporcionan a menudo resultados favorables, pero no definitivos, debiendo renovarse el
tratamiento cada año. Los quelatos de hierro (sales orgánicas de hierro, más estables y
menos cáusticas, por ejemplo: sequestrene, etc.) deben utilizarse según las
concentraciones indicadas por los fabricantes. Estos quelatos también pueden distribuirse
en el suelo, superficialmente, a razón de 20 a 200 gramos por árbol, según la altura de
las plantas.
En los
árboles frutales se puede remediar la clorosis férrica por medio de un «mulching»
(hierba que se corta y se deja descomponer en la tierra) o por aportación de materia
orgánica.
En ciertos
casos se puede inyectar a los árboles citrato de hierro sólido, que se introduce en
agujeros perforados en espiral alrededor del tronco. Este tratamiento no deberá
practicarse con demasiada frecuencia.