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Absorción de Nutrientes - pH del suelo o sustrato ::

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Absorción de Nutrientes - pH del suelo o sustrato.

El pH (potencial de Hidrógeno) es la expresión de una magnitud química que denota el grado de acidez o alcalinidad de un compuesto químico, en nuestro caso, el suelo o sustrato de nuestros árboles. Cuando un pH es rico en cal, se dice que es alcalino, y en el caso contrario se dice que es ácido.

Generalmente un pH por encima de 7,0 indica que el suelo es alcalino, mientras que un pH inferior a 7,0 indica que el suelo es ácido.

Los valores de pH real y de capacidad de intercambio catiónico medida a pH de 7, representan mejor las condiciones permanentes del suelo.

El pH de la solución del suelo afecta profundamente a la solubilidad de los diferentes iones presentes, de este modo varía la asimilabilidad de los mismos por los árboles ya que estos sólo pueden absorberlos en solución.

En otros casos el pH afecta a la actividad microbiana necesaria para provocar la transformación de ciertos elementos, que se liberan en formas no asimilables y han de sufrir una transformación química que permita su fácil absorción. Este es el caso del nitrógeno cuyas formas inorgánicas son todas solubles independientemente del pH reinante por lo que no debería verse afectada su asimilabilidad por aquel. Sin embargo para valores de pH inferiores a 6 o superiores a 8 se atenúa la actividad bacteriana con lo que disminuye tanto la liberación de amonio como su oxidación a nitrato, y ello hace bajar la concentración de nitrógeno en forma asimilable.

En el gráfico siguiente se puede apreciar los desequilibrios, tanto de deficiencias o toxicidades que pueden causar un pH inadecuado en el suelo o sustrato.


En el caso del fósforo el pH puede inducir su fijación o su precipitación, solo entre valores comprendidos entre 6,5 y 7,5 su asimilabilidad es óptima. Cuando el pH se sitúa por debajo de 6,5, se inicia un incremento en el contenido en cargas positivas del complejo absorbente, ello provoca una fuerte fijación de los aniones sobre todo el fosfato que, por poseer una estructura similar a la de los tetraedros estructurales de las arcillas, puede incorporarse a ellas, este hecho provoca una inmovilización definitiva del mismo. Este fenómeno, siendo importante, no resulta muy transcendente porque el mayor número de cargas positivas pertenece a los oxihidróxidos de hierro y de aluminio y a la materia orgánica. Cuanto menor es el valor del pH mayor es la fijación, pudiendo provocar fuertes carencias cuando el pH es inferior a 5.

Por encima de 7,5, el complejo de cambio y la solución del suelo son muy ricos en calcio lo que provoca una precipitación del fosfato tricálcico, que alcanza su máximo alrededor de 8,5 donde la asimilabilidad es mínima. Superado ese valor se inicia un desplazamiento del calcio por el sodio que da formas solubles.

El comportamiento del Azufre, presente en forma aniónica en el suelo, es parecido al del fósforo en la banda ácida del pH, en cambio, no se comporta igual en la banda alcalina porque todas los sulfatos son solubles, en mayor o menor grado, cualquiera que sea el valor del pH.

Los nutrientes catiónicos como el potasio, calcio o magnesio, se encuentran en bajas concentraciones en los suelos ácidos, pues la acidez del suelo siempre se produce por una desbasificación, luego en las condiciones citadas estos elementos son, simplemente, escasos. La abundancia de potasio en las rocas ácidas hace que su disponibilidad decrezca a valores de pH netamente más ácidos que para los otros elementos. Los alcalinotérreos sufren un nuevo descenso a valores de pH alcalinos por efecto de su insolubilización como carbonatos.

Los micronutrientes son más solubles en medios ácidos por lo que en ellos su asimilabilidad es máxima, como ocurre con el hierro, el manganeso, el cobre o el cinc.

El problema más frecuente es la deficiencia de hierro en las plantas acidófilas en un sustrato de pH elevado, ya que el hierro (imprescindible) no es soluble para la planta, y el síntoma es la clorosis, ocurre cuando el limbo de las hojas amarillea y los nervios continuan verdes.

El compuesto de hierro ideal para las plantas es el denominado quelato de hierro, que se degrada muy lentamente en el suelo. Viene en forma de polvo o gránulos solubles y puede aplicarse al suelo directamente o disolverse en agua y regar.

El caso del boro es diferente porque su forma habitual en el suelo es la ácido bórico, siendo así como se absorbe por las plantas.

La forma ionica es retenida por los oxihidróxidos de hierro y aluminio y por la materia orgánica dada su gran afinidad con los oxhidrílos, pero esa misma afinidad es la que hace que estos lo desplacen cuando el pH se eleva hasta las cercanías de 9, razón por la cual aumenta su asimilabilidad en esos valores. Tanta puede ser su concentración que puede llegar a ser tóxico cuando es abundante en el suelo, pero esta circunstancia solo se produce en suelos salinos y alcalinos.

El pH tiene una influencia decisiva en los procesos generadores del suelo, la asimilación de nutrientes por el árbol y en el desarrollo de la actividad microbiana del suelo que se ve influida por la alteración mineral, la evolución de la materia orgánica, el intercambio iónico y el lavado del suelo. Todos los procesos que generan modificaciones del pH no coexisten en el tiempo, lo que generaría un cambio brusco del mismo, y dada la transcendencia de su valor para procesos de enorme importancia, estos cambios podrían provocar modificaciones fatales frente a los microorganismos y plantas que lo pueblan. Por ello es necesario que estas modificaciones sean amortiguadas, y el suelo dispone de los mecanismos correctores conocidos como "efecto tampón de los suelos".

Este poder amortiguador está basado en una serie de equilibrios dinámicos de diferentes sistemas, entre los que destacan tres que corresponden a medios neutros, ácidos y alcalinos.

En los medios cercanos a la neutralidad la función amortiguadora la ejerce el complejo de cambio del suelo, como ya hemos visto. Los excesos de acidez se compensan por el intercambio de las bases del complejo por los hidrogeniones de la solución, mientras que los excesos de alcalinidad son compensados por el intercambio de hidrogeniones del complejo por bases de la solución. Ahora bien, cuando el pH es muy ácido, el complejo está prácticamente desprovisto de bases y no puede soportar una agresión ácida, de otro lado, cuando el medio es muy alcalino el complejo apenas posee hidrogeniones que neutralicen una agresión alcalina.

El convertir un suelo ácido en alcalino es relativamente fácil, basta con añadir cualquier compuesto de calcio.

El caso más frecuente es que al aficionado le interesa saber qué ha de hacer para cultivar árboles acidófilos como azaleas, liquidambar, etc. en terrenos de pH elevado. La respuesta es sencilla:

1º Se puede añadir algún componente ácido al sustrato, como pueden ser turba rubia que el ph se encuentra entre 3,5 y 4, se puede añadir kanuna, tierra de brezo o de castaño, etc.

2º Se puede añadir enmiendas como azufre en polvo, sulfato de hierro, etc.

3º Se puede utilizar abono químico especial para árboles acidófilos.

4º Se puede aportar quelatos de hierro y otros microelementos.

5º Se puede neutralizar la alcalinidad del agua de riego.

Si no se neutraliza la posible alcalinidad del agua de riego, es presumible que ésta vaya disminuyendo la acidez del sustrato conseguida inicialmente, por lo que convendrá efectuar un aporte continuado de microelementos clave como son el hierro, el manganeso y el boro.

Cualquier enmienda, aporte o utilización de productos, se tiene que efectuar con mucha precaución y con mucha moderación, ya que se corre el riesgo de aplicar demasiado. Después de cualquier enmienda, aporte o utilización de productos, es recomendable humedecer el sustrato y si es posible medir sus parámetros al cabo de una semana de reposo, para ello existen diferentes medidores de pH del suelo (rapitest, phmetros, reactivos, etc.)..

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Por: Redactores

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