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El acodo se
basa en la capacidad que tienen la mayoría de los árboles de producir raíces en zonas
del tronco o ramas que han quedado enterradas. En Bonsai se utiliza una variante del
acodo, llamada acodo aéreo. En el acodo aéreo acercamos la tierra hasta la zona del
tronco que nos interesa que produzca raíces. La primera vez que este método quedó
descrito en un libro fue hace 70 años, por el autor y famoso maestro de Bonsai Kyuzo
Murata. Este maestro lo utilizó con el abeto japonés, el pino de cinco agujas y el haya,
y su método consistía en enrollar alambre por debajo de la zona deseada y,
posteriormente, disponer musgo de fibra larga (esfagno) alrededor de esta zona, cerrando
después el conjunto con plástico fuertemente atado. Al cabo de un tiempo, dependiendo de
la rapidez de crecimiento del árbol, el alambre se clavaba en la corteza, estimulando de
esta manera el nacimiento de raíces en la zona deseada. El principal inconveniente de
este método es el tiempo que se necesita para la aparición de raíces, que oscila entre
los dos y siete años, produce, además, un callo basal o abultamiento en la zona superior
de las raíces, totalmente antiestético, que tiene que ser disimulado después.
Posteriormente, se desarrollaron otros métodos, siendo el más utilizado el siguiente: En
la zona inmediatamente inferior a donde se desean las raíces, pelamos un anillo de
corteza de más o menos un centímetro de anchura, dependiendo del grosor de la zona a
acodar; posteriormente se espolvorea la zona pelada con hormonas de enraizamiento (de
fácil adquisición en cualquier centro de jardinería) y rodeamos con musgo de fibra
larga como en el método anterior. Este procedimiento posee también el inconveniente de
que no produce un engrosamiento natural, por lo que los Bonsai obtenidos con este método
no tienen un buen Nebari. Hasta ahora, los acodos se vienen efectuando en mayo para
España, noviembre para Argentina o en cualquier época en la que el árbol ha entrado en
mitad de su brotación, esto es, primavera-verano. En este método, los acodos se realizan
en diciembre-enero para España, junio-julio para Argentina, es decir, cuando el árbol
está completamente dormido. Esto es un cambio tremendamente importante, puesto que se
postulaba que si realizábamos el acodo cuando aún no han comenzado a brotar los
árboles, se produciría un callo de cicatrización antes que el tronco emitiera raíces.
Pero en este método, nunca han ocurrido, y entre los árboles experimentados se
encuentran calibres de tronco muy gruesos, dobles troncos, e incluso pequeños múltiples
troncos. En primer lugar, al final de otoño, comienzo de invierno, se sale al bosque,
para recuperar algunos ejemplares. Se pueden encontrar todo tipo de material y, sea cual
sea éste, elegimos siempre aquel con una buena disposición de ramas. No nos preocupamos
de la base de raíces, puesto que con el acodo se puede conseguir un buen Nebari. Una vez
recuperado el árbol, lo llevamos hasta casa y lo plantamos en un tiesto muy grande.
Cuando el árbol está plantado, lo podamos dé acuerdo con la futura conformación que se
desee y alambramos las partes que lo necesiten. El árbol no será acodado ese mismo año,
acodaremos al año siguiente si ha brotado suficientemente y se encuentra sano y fuerte.
En los meses de diciembre y enero para España, junio-julio para Argentina, se pela
un anillo alrededor de la corteza, llegando hasta el cambium. Durante estos meses el
árbol no absorbe agua desde las raíces, pero dentro del tronco posee una cierta cantidad
de savia, que hay que dejar secar.

De no
hacerlo así, esta savia tiende a cicatrizar la herida, con lo que aparecería un callo de
cicatrización muy antiestético. Para dejar secar el corte, pondremos el árbol en algún
lugar protegido de la lluvia y el rocío, no lo expondremos en ningún caso al sol, pues
esto lo debilitaría en exceso. El período es variable, pero generalmente basta con dos o
tres días. Una vez seca la incisión, se colocará el alambre alrededor del corte,
enrollándolo como si de un torniquete se tratara. El alambre que se utiliza es de
aluminio y no aconsejo la utilización de alambre de hierro o de cobre, porque producen
óxido tóxico para las raíces y el tronco. Se espolvorea con hormonas enraizantes que se
encuentran en el comercio en forma líquida o en polvo; personalmente recomiendo la forma
en polvo, puesto que es más segura y cómoda su aplicación: simplemente tomaremos un
pincel y esparciremos por la incisión una cierta cantidad de este polvo antes de colocar
el alambre. Las hormonas no producen realmente la emisión de raíces, pero favorecen la
formación de un callo por el cual saldrán nuevas raíces. Debemos tener precaución al
utilizarlas en su forma líquida, puesto que en esencia están compuestas de ácido (ya
sea indolacético o indolbutírico) y un exceso de las mismas podría quemar el corte. Una
vez espolvoreado el corte con hormonas, colocaremos el alambre. Primero enrollando
simplemente sus dos cabos, se golpea ligeramente con un martillo toda su superficie para
asegurarnos que está clavado en el tronco. Si la profundidad de la incisión es de 3 mm y
el calibre del alambre es de 4 mm, debemos golpear el alambre hasta que, pasando el dedo
no se note. Una vez colocado el alambre, debemos colocar tierra para que las nuevas
raíces tengan sustrato y para mantener, la incisión húmeda hasta ese momento. Para
ello, colocamos una rejilla metálica de tela mosquitera, lo suficientemente alta como
para tapar la incisión, esto es, unos tres centímetros por encima de la misma. Su
diámetro debe ser dos veces el del tronco, para que las nuevas raíces tengan suficiente
tierra. Una vez colocada la rejilla, y antes de colocar la tierra, aplicaremos musgo de
fibra larga húmedo alrededor de la incisión para mantener todavía más húmedo el
corte. Luego ponemos el drenaje y la tierra. Mucha gente coloca bolsas de plástico o
macetas de barro en lugar de rejilla, pero se ha observado una serie de ventajas en esta
solución: en primer lugar, el drenaje es perfecto, con lo que se consigue mantener el
nivel de humedad necesario si atendemos a los riegos periódicamente, en segundo lugar, la
rejilla hace que los rayos del sol lleguen más directamente al suelo, con lo que la
temperatura de éste se eleva con mayor facilidad, y ya sabemos que el calor en el suelo
estimula el crecimiento de raíces. Además, podemos observar en qué momento el árbol
posee suficientes raíces, pues salen a través de la rejilla.
Una vez
realizadas todas las operaciones anteriores, colocaremos el árbol en un lugar al
exterior. No debemos situarlo dentro de casa a no ser que hiele o esté nevando. De esta
forma, cuando comience a calentarse el suelo por efecto de los rayos del sol, se
despertará la savia del tronco, iniciándose la producción de raicillas alrededor de la
incisión.
Aunque el
calor del sol es bueno para la aparición de raíces, no lo es la luz, por lo que las
raíces comenzarán a crecer primero por el lado que reciba el sol con menos intensidad,
por ello debemos girar el árbol de cuando en cuando para obtener una emisión de raíces
homogénea alrededor del tronco. Esto no significa que debamos colocar el árbol a la
sombra totalmente, pues de esta forma no sacará raíces o si lo hace serán muy débiles.
Lo mismo que ocurre con el sol, al girar el árbol repartimos mejor el riego por todos los
lados, ya que no hay que olvidar que es muy importante que se mantenga siempre húmedo el
suelo.
Al terminar
el primer año, quitaremos la tierra poco a poco y observaremos las nuevas raíces. Habrá
algunas más gruesas que otras y debemos procurar, para obtener un buen Nebari, que todas
ellas sean de igual vigor. Para conseguirlo, procederemos a la primera poda de raíces.
Con unas tijeras muy afiladas, cortaremos las raíces más gruesas a unos 3 cm del tronco,
mientras que las más finas se cortarán a unos 5 cm del mismo; las más finas, como
pelos, no se cortarán, dando así oportunidad a que engorden. Al tiempo, cortaremos las
que crezcan directamente hacia arriba o hacia abajo, con lo que ya tenemos preparado un
perfecto nivel de raíces. Es el momento de quitar el alambre, con mucho cuidado para no
dañar las raicillas, pero no cortaremos el tronco de ninguna manera este primer año,
para no correr riesgos innecesarios. En vez de eso, ampliaremos la incisión haciéndola
ahora mas larga y más honda. Esto provocará el engrosamiento en la base del tronco.
Colocaremos
otra vez la rejilla y la tierra, una vez podadas las raíces, y esparciremos musgo por
encima de la superficie para mantener más humedad en el suelo. Podemos ya podar el árbol
de acuerdo con la futura ramificación, puesto que dentro de poco estará plantado en una
maceta de Bonsai, y en cuanto brote, comenzaremos a abonarlo con fertilizante líquido
rico en fósforo y potasio, puesto que estos elementos favorecen el endurecimiento y
producción de las raíces. Lo colocaremos en un lugar con sol, Pero ligeramente sombreado
hacia principios de verano, y nos ocuparemos muy cuidadosamente de dar la vuelta al árbol
periódicamente.
Al final del
segundo año las raíces habrán aumentado considerablemente y podremos cortar el tronco
por debajo del alambre. Este trabajo debemos hacerlo procurando no dañar las raíces. Una
vez separado el tronco acodado del pié del antiguo tronco, quitamos con mucho cuidado el
alambre cortándolo con un cortaalambres de punta redonda. El trabajo final es aplicar
pasta selladora al corte inferior, para evitar que el agua y la humedad del sustrato
pudran la base del tronco. De los distintos tipos de pasta selladora del mercado, yo
recomiendo utilizar para las raíces la que se fabrica a base de alquitrán, porque seca
muy rápidamente y es permanente.