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Eucaliptus -Eucaliptus globulus
Orígenes
y Descripción.
Especie
exótica, el eucalipto llega a Europa a principios del siglo XVIII. Su hábitat original
lo encontramos en el sur de Australia (Victoria), Tasmania y las islas del Estrecho de
Bass, aunque se ha adaptado perfectamente al clima peninsular, encontrando su mejor
desarrollo en amplias plantaciones diseminadas por toda la cornisa cantábrica, zona de
temperaturas moderadas tanto en invierno como en verano.
El eucalipto blanco o albar (Eucalyptus Globulus, Labill) es la especie más frecuente de
este género en la región cantábrica. Su descripción se debe a J. S. Labillardiere a
partir de un espécimen recolectado en el sudeste de Tasmania en 1792.
Prospera perfectamente en todo tipo de suelos, aunque, en general, no presenta aquéllos
de composición calcárea, fuertemente alcalinos o mal drenados. Resiste las bajas
temperaturas, siempre que no bajen de los -10º C, y precisa de abundante luz, prefiriendo
su ubicación en exteriores a pleno sol.
El eucalipto es un árbol perennifolio, monoico, de la familia de las Myrtaceae, que en su
estado natural puede sobrepasar con facilidad los 30 m de altura. Como anécdota, en
Chavín (Viveiro, Lugo), se pueden encontrar ejemplares centenarios de eucalipto albar de
más de 90 m. de altura.
Su corteza es lisa, verde y blanca y caediza en láminas o tiras. Cuando el ejemplar es
joven, sus hojas opuestas, glaucas, de contorno cordiforme, orbicular o elíptico,
sentadas o cortamente pecioladas ofrecen un aspecto de fortaleza y gracia con toques
plateados y verde-grisáceos. Las hojas adultas son alternas, pecioladas, de color verde
más oscuro, lanceoladas, y alcanzan entre 4 y 7 cm. de longitud en los ejemplares
cultivados en suelo, al aire libre. Su floración se produce en umbelas axilares formadas
por entre 3 y 10 flores.
Su fruto es una cápsula pedicelada, leñosa y multisperma, que adquiere el aspecto de
pequeñas campanillas (hemisférico o acampanado), de 7 a 30 mm de diámetro (según la
especie), y formada por 3 a 5 valvas triangulares. En su interior acoge las semillas, de
forma alargada y aspecto similar al de los piñones, que alcanzan entre 5 mm. y 3 o 4 cm.
de longitud, dependiendo de la especie.
Situacion
o emplazamiento.
Siempre ha
de situarse en el exterior, tanto en verano como en invierno (siempre y cuando las
temperaturas mínimas no bajen de -7º / -8º C, si el descenso de temperatura es
gradual). Si las heladas son bruscas o repetitivas, el Eucalyptus Globulus resulta mucho
más sensible, soportando difícilmente más de 8 o 10 días de helada al año (sin
embargo, su pariente el Eucalyptus Nitens, variedad más resistente, soporta sin problemas
temperaturas de -12º C, y más 50 días de heladas al año, e incluso nevadas).
Requiere bastante luz, prefiriendo un emplazamiento a pleno sol (mejor con orientación
sur), a ubicaciones umbrías.
Características
del suelo
El
eucalipto, a diferencia de otras especies, no resulta especialmente exigente con el tipo
de suelo, siendo capaz de crecer en circunstancias extremas (sustratos pobres y ácidos).
No obstante, los mejores crecimientos se observan sobre suelos arcillosos, ricos en
sílice (especialmente) y otros nutrientes, sueltos y profundos, con una acidez moderada
o, mejor, neutra (con valores de pH entre 5 y 7). Por contra, el eucalipto no se
desarrolla bien en suelos excesivamente calcáreos, muy alcalinos, encharcados o con mal
drenaje. La profundidad de la maceta es otro factor importante, observándose mayores
crecimientos cuanto mayor es la profundidad. De cualquier modo, y debido a su vigor y
plasticidad, es capaz de crecer satisfactoriamente en bandejas para bonsáis, siempre que
se realicen las labores adecuadas, aunque siempre es recomendable adaptarlo sobre una de
profundidad media.
Sus raíces, como es lógico, son proporcionales a la altura del árbol. Cuanto más
profundas sean las raíces, mayor será la altura del ejemplar, y viceversa.
Riego
Es un árbol
poco exigente en cuanto a la cantidad y calidad del agua de riego. De cualquier manera, un
riego moderado y dejando secar someramente entre riego y riego, incrementando ligeramente
en las épocas de mayor calor, y las de brotación de la planta, siempre es preferible. Se
desarrolla perfectamente en un suelo que conserve humedad media.
Igualmente, agua de baja conductividad (baja en cal y en sodio) o agua de lluvia (recogida
después de un buen chaparrón inicial que haya limpiado los residuos de la atmósfera),
sería lo más indicado.
En cuanto al ambiente, precisa una humedad media. Bastará con pulverizar agua de vez en
cuando.
Abonado
Hay que
tener cuidado con el tipo de abono y el modo de actuar. El eucalipto es un árbol poco
exigente en cuanto a materia orgánica. Por lo general, basta con añadir un abono sólido
granulado de nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K), como, por ejemplo, 8:24:16
(N8-P24-K16). Si bien el nitrógeno es fundamental para el crecimiento de la planta, un
exceso puede ser muy perjudicial, por lo que hay que evitar los abonos ricos en nitrógeno
como el triple 15 (N15-P15-K15).
En el caso de adquisición de planta en vivero para su conversión en bonsái, o en el de
trasplante, debe fertilizarse muy ligeramente en el momento de la plantación, y evitando
siempre que el abono entre en contacto directo con las raíces, para evitar daños en el
sistema radical del ejemplar: sería preferible mantener el abono en los bordes de la
maceta. La utilización de abonos sólidos, requerirá una cierta distancia con respecto
al tronco, y su enterramiento superficial, para evitar que los riegos lo disuelvan
rápidamente y un exceso de abono dañe la planta.
Los efectos durante los primeros meses de este abonado inicial son muy patentes, y en el
caso de especies como el eucalipto, este «tirón» inicial se traduce en un menor tiempo
para conseguir un árbol adulto.
Sin embargo, no hemos de dejarnos llevar por la impaciencia: un exceso de abono podría
llevarnos al fracaso y la muerte del ejemplar. Siempre hemos de observar normas generales
de abonado para especies de hoja perenne: cantidades moderadas durante el período
vegetativo de la planta (primavera y principios del verano), mientras que en las épocas
de descanso (otoño e invierno) la tendencia disminuirá de manera drástica,
prescindiendo prácticamente de su utilización.
Pinzado
y poda
El momento
ideal para realizar el pinzado sobre los brotes más jóvenes será durante el período
vegetativo anual (primavera y principios del verano: marzo - junio), preferiblemente
durante el mes de mayo.
En ocasiones, el árbol sufre deformaciones de las que no se recupera conforme pasa el
tiempo, como pueden ser una bifurcación inicial, varias guías o el desarrollo de ramas
gruesas a baja altura. El bonsaista deberá estudiar y observar su árbol, y ver qué es
lo más conveniente desde el punto de vista estético. Sin embargo, su poda de formación
deberá iniciarse en edades tempranas del ejemplar (entre 1 y 2 años): cuanto más joven
es el árbol más fácilmente se realiza el trabajo. El corte se dará en las ramas o
bifurcaciones lo más próximo posible al tallo principal sin dañar la corteza de éste,
y aplicando inmediatamente crema cicatrizante, que ayudará a minimizar la pérdida de
savia, así como a prevenir posibles infecciones y enfermedades.
La época ideal para realizar la poda nunca será durante el período de máximo
desarrollo del árbol, con el objeto de evitar que la pérdida de savia se traduzca en un
freno a su desarrollo, una pérdida de energía vital que minimizaría las posibilidades
de crecimiento del ejemplar durante ese año. Una buena época para realizar la poda será
justo antes del inicio del período vegetativo (mediados-finales del invierno), momento en
el cual el árbol comienza a despertar del letargo invernal, con energías renovadas que
favorecerán una rápida cicatrización.
Alambrado
El eucalipto
es un árbol que admite sin problemas el alambrado como técnica de modelado. Sin embargo,
su crecimiento, eminentemente vertical, permite un fácil control por medio de la poda y
el pinzado. Es especialmente recomendable en ejemplares jóvenes, aunque también se
podrán alambrar ejemplares más adultos, dada la cierta flexibilidad de su madera. No
obstante, nunca vendrá mal un leve masaje para favorecer esta técnica.
Se mantendrá el alambre entre 6 y 8 meses en el árbol, siendo la época más indicada a
finales del invierno, poco antes del comienzo del período vegetativo, o, incluso, en las
primeras semanas de éste..
Trasplante
El árbol
con cepellón se puede trasplantar durante todo el año siempre que se evite el tiempo
extremadamente frío, o seco y caluroso, que pueda dañar la planta, especialmente
sensible si ésta es joven. Es por ello preferible realizar esta operación antes de la
brotación (durante los meses de febrero y marzo). Para su trasplante en verano es
necesario que el cepellón esté bien humedecido para que aporte a la tierra añadida a la
maceta o bandeja parte del agua necesaria para su arraigo. Un leve riego y un muy somero
abonado (como se ha indicado anteriormente, y, sobre todo, con mucho cuidado y respetando
la mayor distancia posible respecto al tronco, dada la incapacidad de la planta para
asimilar el nutriente, especialmente si se ha efectuado labor de poda radical), tampoco
vendría mal.
Las raíces se podarán siguiendo criterios generales, y deberá favorecerse la
generación de un sistema radicular amplio (que compense en capacidad de absorción de
nutrientes a la longitud y profundidad natural que suele alcanzar), sin enrollamientos ni
trabazones, eliminando aquellas que se aprecien dañadas. Hay que tener en cuenta que las
raíces del eucalipto tienden a adquirir gran profundidad en su estado natural. Por tanto,
habremos de ser prestar especial atención a la poda de aquellas que tiendan a enfocar su
crecimiento hacia abajo.
Su trasplante se efectuará cada dos o tres años a lo sumo, ya que precisa de suelos
ricos en nutrientes para un desarrollo óptimo, aunque pueda subsistir sobre suelos más
pobres.
Reproducción
Se puede
reproducir mediante injerto y semilla, preferiblemente. Igualmente es recomendable su
adquisición en viveros cualificados.
Si se realiza su reproducción por semilla, ésta deberá plantarse en primavera o,
preferiblemente, en otoño, aunque también se puede realizar a mediados o finales del
verano (según algunos, la mejor estación para su siembra), época en la que los frutos
alcanzan su madurez óptima. En caso de no poder realizar la siembra en estas épocas, se
recomienda almacenarlas en lugares alejados de fuentes de luz, calor y humedad, con el
objeto de mantener intactas su cualidades germinativas, así como un óptimo estado
fitosanitario. Su período de producción varía, dependiendo de la especie, entre 3 y 5
meses, un tiempo relativamente corto si lo comparamos con otros árboles como los pinos o
los robles, de crecimiento más lento.
Sin embargo, no basta con plantar la semilla en sí, una vez extraída de la
“campana” que la contiene. Un método eficaz para lograr su correcta
germinación sería el siguiente:
1º. Se recolectan los frutos sin abrir, pero ya maduros. La mejor
estación para su recolección es durante los meses de verano. Si es posible, emplear las
que se encuentren en el suelo, mirando que no estén abiertas y que mantengan dentro las
semillas.
2º. Se sitúan al lado de una fuente de calor, en el caso de
encontrarnos en la época de siembra. Al notar el calor, el fruto se abre como las piñas
de los pinos. Se sacuden y salen las semillas.
3º. Se siembran y a las pocas semanas nacen la mayoría sin mayor
dificultad.
La exposición a una fuente de calor responde a la tendencia natural de esta especie a su
propagación tras un fuego que abra sus frutos y esparza sus semillas sobre un terreno
quemado, situación óptima tanto por los nutrientes aportados al terreno tras la
combustión, como por la liberación de plantas que rivalicen con su crecimiento. El
eucalipto es una planta que tolera mal, en su estado natural, el crecimiento parejo a
otras especies. Por otra parte, es tan dependiente del fuego para su germinación que
incluso contiene esencias y resinas pirófilas, que hacen de un bosque de eucaliptos un
terreno abonado para los incendios.
Si se recurre a un vivero, hemos de contar con la experiencia del cultivador original,
así como la garantía de tratarse de un vivero cualificado, que ofrezca verdad sobre su
origen genético y la especie de que se trata, así como un óptimo cuidado frente a
plagas y enfermedades. No obstante, para la identificación de una planta de calidad deben
tenerse en cuenta tanto el sistema radicular, su estado fitosanitario y el tamaño y
disposición de las hojas. Los requisitos esenciales de un buen ejemplar serían los
siguientes:
1º. Tamaño de la planta: oscilará entre los 15 y los 20 cm. de talla.
Una planta también puede ser apta si cumple los demás requisitos.
2º. Raíces: no deberán presentar enrollamientos ni deformaciones muy
acusadas (especialmente en la base del cepellón), si lo que se desea es obtener un
bonsái de aspecto natural y acorde con el árbol que tratamos en su estado original. Si
presenta un color amarillento indicaría un tiempo excesivo de permanencia en contenedor,
lo cual tampoco es aconsejable.
3º. Disposición de las hojas en el tallo: la distancia entre los nudos
no debe ser menor de unos 2 cm. La presencia de muchos pares de hojas rojizo/marrón y muy
juntos unos de otros, es síntoma de planta muy envejecida y excesivamente dura, y, por
tanto, menos manipulable.
4º. Aspecto del tallo: la planta debe presentar una sola guía principal
no muy tierna ya que sería más sensible a daños tanto físicos (en transporte y
manipulación) como de tipo fitosanitario.
5º. Estado fitosanitario: que habrá de ser controlado de forma
rigurosa, desechándose, como es lógico, toda planta con daños en tallo, raíces o
inserciones de las hojas al tallo bien sea por hongos o cualquier otro tipo de agente
patógeno. En cualquier caso ha de salir del vivero revisada y tratada preventivamente, o
en su defecto, realizar el tratamiento oportuno nada más adquirirla y antes de
trasplantarla, permitiéndole un período de adaptación a su nuevo hábitat .
Estilos
Los más
apropiados son aquellos que permiten su crecimiento recto formal, informal o levemente
inclinado, excepto el estilo escoba.
Plagas/Enfermedades/Parásitos
El eucalipto
es una especie que presenta poca sensibilidad a las plagas y enfermedades. No obstante,
sí se puede realizar una breve relación de insectos y hongos propios de esta especie que
puedan mermar la salud de nuestro ejemplar:
Phoracanta: o devorador de eucaliptos. Debido a las condiciones
climatológicas peninsulares, será prácticamente imposible encontrar este insecto. En
cualquier caso, un insecticida de contacto serviría.
Goníptero (Gonipterus scutellatus Gyll): es un insecto coleóptero
originario de Australia. Su aparición en distintos países ha seguido a las plantaciones
de eucalipto y su presencia en España data de hace unos diez años. Afecta a plantaciones
de árboles adultos, y será difícil que lo encontremos en nuestro pequeño bonsái. Este
insecto, tras la salida del huevo, es una larva (con aspecto de oruga), blanca y de 1 cm.
aproximadamente de longitud. Se alimenta de las hojas adultas, donde se podrá localizar
sin problemas, formando surcos en el limbo. Tras esta fase, se entierra en el suelo y se
transforma en un pequeño escarabajo adulto. Volverá después a los bordes de las hojas,
comiéndolas al recorrer su perímetro, y dejándolas con aspecto irregular y aserrado.
Tratamiento: a base de insecticida de contacto.
Hongos: Entre los hongos que afectan al Eucalyptus Globulus, Botrytis
cinerea es el más conocido. Provoca el “mal azul”, enfermedad que se
caracteriza por la aparición de una mancha verde-azulada en el tallo, acompañada
habitualmente por hojas secas en zonas próximas. Ataca a plantas jóvenes que aún no han
cambiado la hoja juvenil y a rebrotes. Tras la aparición de los daños la planta muere
desde la zona de infección hasta el ápice. En ocasiones la planta responde aislando al
hongo con tejido muerto, formando una cicatriz, y pudiendo rebrotar por debajo de la zona
afectada.
Tratamiento: mantener a la planta bien aireada, y aplicar fungicida. En
caso de aparecer el hongo del “mal azul”, y si no responde al fungicida, se
recomienda cortar la planta por la parte inferior al daño. No hemos de preocuparnos,
pues, al tratarse de un hongo que afecta a ejemplares jóvenes, probablemente los trabajos
de modelado no habrán alcanzado gran perfección y, por tanto, podremos comenzar de
nuevo; eso sí, siendo conscientes del nuevo enfoque del árbol tras la poda y procurando
lamentarnos lo menos posible por la pérdida .
Variedades.
Para
aquellos que precisen de variedades más resistentes al frío que el Eucalyptus Globulus,
se relacionan otras seguidamente, con indicaciones térmicas:
E. globulus: de -4º a 23º C; temp. media del mes más frío: 4º C;
días de helada/año: hasta 10.
E. nitens: de -10º a 24º C; temp. media del mes más frío: -2º C;
días de helada/año: hasta 150.
E. delegatensis: de -9º a 21º C; temp. media del mes más frío: -0º
C; días de helada/año: hasta 100.
E. obliqua: de -9º a 32º C; temp. media del mes más frío: 2º C;
días de helada/año: hasta 100.
E. dalrympleana: de -11º a 27º C; temp. media del mes más frío: 0º
C; días de helada/año: hasta 100.
E. regnans: de -7º a 23º C; temp. media del mes más frío: 0º C;
días de helada/año: hasta 60 .
Un saludo